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Bioprotocolos son la clave para reducir contagios en copropiedades

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La nueva normalidad que el COVID-19 ha traído a las dinámicas sociales incluye la apropiación de múltiples bioprotocolos que reduzcan el riesgo de contagio y expansión, con especial énfasis en los lugares con alta circulación de gente como centros comerciales, puestos de trabajo, transporte público o en este caso específico, zonas comunes de la propiedad raíz que administres.

Para la implementación de bioprotocolos en zonas comunes del edificio se debe hacer un análisis detenido de varios factores:

  1. Definición de áreas: el primer paso será entonces definir las áreas claves de la copropiedad en donde más se presenten posibles aglomeraciones, contacto con superficies, contacto con agentes externos como domicilios, entrega de paquetes y reparaciones.
  2. Definición de actividades: con las áreas definidas se establecen las actividades que se realizan en dichos lugares, como la recolección y separación de basuras, conversaciones, manipulación de enseres, circulación simple o recibimiento de residentes y personal del edificio, esto por dar algunos ejemplos, pues de acuerdo con las necesidades y casos concretos es que se determinan los dos primeros puntos.
  3. Definición de riesgos y protecciones: teniendo claras las áreas y actividades se pasa a definir el nivel de riesgo de contagio y con base en ello, las protecciones y prevenciones que deben tener las personas. Como caso hipotético pensemos en un ascensor con cuatro personas dentro, el riesgo de contagio lo consideraremos alto y puede darse de dos maneras: por medio de la manipulación de la botonera del ascensor o por exposición a fluidos corporales como la saliva. Así, de acuerdo con la hipótesis el uso de tapabocas y el empleo de antibacterial serían las protecciones más recomendadas, además de limitar la cantidad de personas permitidas en espacios confinados con un ascensor. 
  4. Definición de frecuencia de desinfección: partiendo del nivel riesgo de posible contagio se define entonces la frecuencia con la que el lugar o la superficie debe ser desinfectada, continuando con el caso hipotético del ascensor, la botonera debería ser esterilizada con cada uso del mismo, o sea, de forma constante, no intermitente, como podría aplicarse a vidrieras, por ejemplo.

Definir estos cuatro factores te ayudarán en la creación del derrotero para la implementación de espacios con un riesgo de contagio reducido. Pero si las actividades o infraestructura de la propiedad horizontal no se ajustan a dichas condiciones entonces las medidas deberán ser simplificadas y orientadas por modelos de contención, son dos: 

  • Contención primaria: esta corresponde a la protección de los residentes, del personal y de su medio ambiente inmediato a través de elementos de protección y de buenas prácticas de esterilización de espacios y superficies. 
  • Contención secundaria: obedece a la protección de personas provenientes de afuera y del medio ambiente externo, que se logra a través de una buena logística de recepción de paquetes y domicilios para ser higienizados y un protocolo de ingreso bioseguro de personas o técnicos provenientes de afuera.

Dentro de los diversos grados de control en las áreas comunes y operativas de la copropiedad, deben tenerse en cuenta casos aislados como por ejemplo sistemas de ventilación que eviten que el aire recircule dentro del recinto, la necesidad de cabinas esterilizantes, espacios de alimentación separados de los espacios donde se guarden pertenencias personales de los colaboradores o en casos extremos instalaciones con pisos, paredes y techos lisos, fáciles de limpiar, impermeables a los líquidos y resistentes a los productos químicos y desinfectantes como por ejemplo las zonas de recolección de basuras y desechos, así mismo superficies y encimeras que sean resistentes a desinfectantes, ácidos y a altas temperaturas. 

Como evidenciamos, en materia de bioprotocolos se pueden encontrar diferentes gamas de complejidad en su implementación, sin embargo, combinar la funcionalidad de los espacios con buenas prácticas operativas dará como resultado un edificio con un riesgo de contagio y propagación mínimo.  

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